Hilos, migración y comunidad: cómo Frauenalia impulsó la transformación de Angélica Martínez
- 25 mar
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"Sentirme encarcelada por fuera". Así describe Angélica Martínez sus 16 años como asilada política en Italia, sin poder volver a Colombia, su país de origen. De ese encierro emocional a convertirse en coordinadora de proyectos en BUNT Stiftung y creadora de Lila Papaya, su camino es pura alquimia migrante. Pero el verdadero milagro ocurrió en Frauenalia, donde del silencio brotó su vocación por el coaching ontológico.
Un tarro de destinos: cuando Berlín eligió por ella
Llegó de Bogotá a Roma huyendo de la violencia. Dieciséis años "encarcelada por fuera" –la metáfora que la persiguió–. Años después, su madre regresó a Colombia, pero Angélica se quedó porque sentía que no era su momento de regresar. "La migración pega duro y diferente en cada corazón", dice con esa honestidad que desarma.
Libre al fin - porque ya podía salir de Italia - llenó un tarro con papelitos que tenían escritos diferentes ciudades: Dublín, Londres, Berlín y Oporto. Berlín salió. Angélica llegó a la capital alemana un 29 de abril, directo al festejo del 1ero de mayo en la ciudad. Tuvo luego un mes para respirar, encontró un trabajo que le permitió trabajar en inglés y donde forjó "hermanos del alma". Pero después, sola y tras una ruptura amorosa, llegó el choque brutal: el idioma alemán y la cultura local, "polos opuestos incompatibles".
Pandemia: cuando el encierro se volvió renacimiento
Angélica trabajaba en las noches en la recepción de un hotel para así esquivar tener que hablar en alemán. Luego la pandemia cerró todo. Sin contrato indefinido, descubrió el Agentur für Arbeit. Ese respiro fue su lienzo en blanco.
Tiempo después se enteró de Frauenalia y de su programa, "Intercultural Working Lab" el cual se sintió como una oportunidad para reinventarse. En el programa, encontró mujeres que entraron directo a su corazón.
"El LAB fue mi revelación desde el día 1. Me vi rodeada de mujeres que entraron en mi corazón inmediatamente, en aquel espacio nos abrimos en el modo más honesto que vi en un grupo de trabajo. Todas estábamos en una situación similar y creo que por eso el LAB fue un éxito, ya que fue dirigido a una comunidad que lo necesitaba.
Ahí, entre confesiones, Claudia Zuleta, Coach del programa, cambió todo. Sus sesiones grupales e individuales fueron "enamoramiento literal". "La veía y pensaba: quiero ser como ella. Ayudar a evolucionar desde el amor, con técnica y profesionalismo." Ese flechazo con el coaching no fue casualidad. Fue revelación. Frauenalia le dio el espacio seguro para nombrar lo que latía dentro: "hay una Angélica que necesita evolucionar".

El coaching ontológico: de admirar a Claudia a estudiar sin parar
Frauenalia no solo la rodeó de mujeres; le mostró el poder transformador del coaching. "Lo viví en mi piel y en mis compañeras", dice. Claudia –con su mirada que ve, entiende, sostiene– fue el detonante. Pero el LAB entero fue escuela: una comunidad como red de seguridad, con feedback que revela talentos dormidos.
"Aprendí que avanzar juntas es más seguro y hermoso que sola."
Angelica decidió entonces estudiar coaching ontológico online mientras tenía un minijob. La pandemia, que encerró al mundo, la liberó. Cada clase era un ladrillo en su nueva identidad profesional. Frauenalia le dio coraje para creerse capaz.
Lila Papaya: cuando los hilos hablaron
Semanas después de empezar el LAB, un tambor de bordar "regalado" revivió a su abuela modista y a su madre bordadora. "Ese tambor me alimentaba el alma, me hacía volar encerrada", recuerda. Llevó piezas a Frauenalia y Clara, una de sus compañeras le dijo: “el mundo debe ver tu trabajo y te debe ver a ti” y de ahí nació la idea de hacer una cuenta de Instagram para mostrar su trabajo.
Así nació Lila Papaya. Empezó como una cuenta de bordado pero con el tiempo se convirtió en lo que es hoy, un proyecto multifacético donde Angélica une el coaching, el desarrollo personal y el bordado como herramienta de mindfulness y su modo de mostrar el mundo que lleva dentro.
BUNT: donde el alemán dejó de ser enemigo
Hoy también coordina proyectos en BUNT Stiftung –en alemán–. "Es mi zona de confort lingüística", celebra. La miden por resultados, no por acento. Cada espacio tiene su "diccionario"; BUNT lo domina. Allí apoya personas vulnerables laboralmente, con mirada de coach: Angélica les ayuda a encontrarse, a entenderse, a trazar caminos.
Su mensaje a las mujeres migrantes: autocompasión + acción
A las mujeres migrantes, Angélica les aconseja: "Practiquen autocompasión, pero den pasos concretos". Migrar reconstruye identidades profesionales. "Háblense con respeto. yo sé que esto toma tiempo".
"Para mí, que una mujer brille no tiene que ver con hacer más, sino con soltar la culpa, aceptarse, darse tiempo y confiar en su propio proceso. Cuando eso pasa, todo se ordena un poco más por dentro. Y desde ahí, lo externo también florece, ya sea un proyecto, una decisión o incluso un bordado terminado, que te recuerda que eres capaz de crear y sostener algo propio."

Frauenalia: donde Angélica se encontró a sí misma
Frauenalia fue santuario pandémico. Del LAB nació su amor por el coaching ontológico. De mujeres como Claudia y Clara, su fe en la comunidad. No le dio respuestas; le dio espacio para escuchar la suya propia –en español, entre hermanas migrantes.
"Quiero que pasen de duda a acción. Identifiquen bloqueos. Actúen así sea con miedo. No solas, porque la comunidad lo cambia todo. Si una mujer da un paso con mi mensaje, contar mi historia valió cada palabra."
BUNT y Lila Papaya son frutos maduros de Angélica: estabilidad profesional + hilos que curan. "10 Frauen, 10 Stimmen" grita con su voz: renacer es posible. Juntas. Paso a paso.









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