Amelia Nin: “No hay que esperar a sentirse completamente segura para empezar”

En el marco de nuestra campaña por el 10.º aniversario de Frauenalia, “10 Frauen, 10 Stimmen”, hoy te presentamos la historia de Amelia Nin. Una artista textil uruguaya que llegó a Berlín en 2007 para estudiar arte textil, y que hoy, tras casi veinte años en Alemania, vive de su arte y de los talleres que imparte.
Una familia de manos creadoras
Amelia creció en Uruguay en una familia donde el trabajo manual, el arte y la pasión por una vocación eran fundamentales. Su abuelo pintaba, trabajaba la cerámica y tejía en telar. Con su abuela aprendió a tejer, bordar y coser. Sus padres impulsaron un emprendimiento para recuperar la flora autóctona del país y salvaron varias especies en vías de extinción.
“De ellos heredé la tenacidad para luchar por un sueño”, cuenta Amelia.
Antes de llegar a los textiles, estudió ballet clásico durante más de diez años. Decidió no seguir como bailarina profesional, pero se llevó una enseñanza: la disciplina y el rigor, y la conciencia de que las cosas nunca salen a la primera. Después estudió diseño textil y trabajó diez años como diseñadora en Uruguay y en Ciudad de México.

El vacío que la llevó a cambiar de rumbo
Fue en México donde empezó a gestarse el cambio. Aunque trabajaba en su campo, sentía un vacío y no le encontraba sentido a lo que hacía. La empresa la enviaba a las ferias textiles más importantes de Europa, y allí descubrió otras maneras de trabajar con los materiales.
“Me di cuenta de que eso era lo que yo quería hacer: experimentar, probar cosas nuevas, hacer lo que realmente me apasionaba”, recuerda.
Aunque eso implicaba transitar un camino desconocido y poco convencional.
Berlín: empezar de cero, sola y sin idioma
Amelia llegó a Berlín en octubre de 2007 con la idea de hacer un máster en arte textil. El comienzo no fue fácil: estaba sola y sin una red de contención. Lo que más le pesó fue el idioma. El aprendizaje fue mucho más lento de lo que imaginaba, y eso golpeó su autoestima.
“Tenía miedo a cometer errores, a ser juzgada. Entonces no hablaba, y era un círculo vicioso”, explica.
Se casó con un alemán que hablaba perfectamente español y vivió mucho tiempo en una burbuja. Se alejó de su deseo inicial y, en sus palabras, se perdió. En el medio llegó la maternidad, que complicó aún más las cosas.
“Fue necesario tocar fondo para volver a encontrarme y recuperar la motivación inicial.” Poco a poco aprendió a salir de la burbuja y a dejar de ver su condición de migrante como una discapacidad. Para ella, lo más difícil fue integrar tres cosas a la vez: dominar el idioma, descifrar la cultura laboral y reconstruir su identidad profesional sin perder la conexión con su historia y su país.
Vivir de lo que crea

Hoy Amelia sostiene su proyecto combinando la venta de piezas textiles únicas con talleres presenciales en espacios comunitarios e instituciones educativas. También participa en ferias, exposiciones y proyectos curados. Su enfoque es una producción lenta y cuidada, sin depender de un solo canal de venta.
Su taller es mucho más que un lugar de trabajo: “Es un espacio de refugio y creación, donde puedo expresarme libremente. Un lugar con cierta magia, donde las ideas toman forma.”
Lo más desafiante, cuenta, fue la parte comercial: aprender a vender, poner precios justos y organizar el tiempo. “Al trabajar con una obra tan personal, siento que el producto soy yo misma.” Lo más bonito: poder sentarse cada día en su taller a crear y ver cómo las personas conectan emocionalmente con su obra.

Un consejo para quienes tienen miedo de emprender
“El miedo siempre va a estar, pero no hay que esperar a que desaparezca para empezar. Emprender también es animarse a dar pequeños pasos, aun con dudas e inseguridades.”
A las mujeres que llegan hoy a Alemania y se sienten perdidas o solas, les dice que no están solas, aunque al principio lo parezca. “Pedir ayuda no es una debilidad, al contrario, es una forma de cuidarse.”
Frauenalia: Ave Fénix

Amelia conoció Frauenalia por una amiga migrante, mamá de un compañero de la Kita de su hijo, que le contó cuánto la había ayudado un curso. “La mayoría de las mamás migrantes tenemos ese problema cuando nuestros hijos crecen y queremos retomar nuestra actividad profesional”, dice.
En Frauenalia encontró un espacio seguro donde trabajar miedos, inseguridades, la gestión del tiempo y su relación con el dinero y con el valor de su trabajo. Además del apoyo emocional, recibió herramientas concretas para ordenar su idea de negocio y convertirla en un plan real y sostenible.
El momento que marcó un antes y un después fue la exposición de cierre del módulo 4. “Ahí me di cuenta de todo lo que había crecido y de que ya no había marcha atrás.”A cualquier mujer que esté pensando en participar le diría que se sentirá acompañada, escuchada y sostenida. Y si tuviera que definir Frauenalia en una frase: “Ave Fénix. Renacer con más fuerza y confianza.”
Para los 10 años de Frauenalia, le regalaría “un eco infinito para que su mensaje llegue más lejos”.
La historia de Amelia Nin forma parte de “10 Frauen, 10 Stimmen”, la campaña de Frauenalia por sus 10 años: diez mujeres, diez historias y muchas maneras de abrirse camino en Alemania.




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